Un edificio es como una sinfonía...
crea cuando se lo interpreta viviéndolo.
Crea salud o crea falencia...
Es un intento por visualizar "el" o "los" conceptos que los arquitectos manejan al enfrentar programas y proyectos arquitectónicos, urbanos...dentro del marco conceptual de los Ordenes Arquitectónicos y sus competencias: Orden Metacognitivo, Geométrico, Disposicional, Morfológico, Concreto, Sensitivo, Tecnológico, Energético y Valorativo....
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miércoles, 1 de abril de 2015
domingo, 29 de marzo de 2015
RIESGO POR INUNDACIONES EN MANTA...Es hora de ser CIUDAD CONSCIENTE
Quiero expresar por este medio una inquietud nacida de mi estancia en la maravillosa ciudad de Manta, la cuál bordea los límites del riesgo y la inseguridad.
Como soy un profesional de la arquitectura tal inquietud no se refiere al comportamiento civil, sino más bien al comportamiento urbano de la ciudad de Manta, en lo que respecta al uso de suelo en zonas con evidente riesgo y peligro de inundaciones.
Hablar de inundaciones es hablar de "períodos pluviales" o "regímenes fluviales". Un período pluvial es aquel tiempo en días, meses o años en los que un cause natural recoge agua por creciente. Un afluente pude permanecer seco por mucho tiempo hasta que el período pluvial lo llena por completo y/o hasta lo derrama. Los estudiosos del tema toman estadística de tales eventos por análisis de muchos factores entre los que se encuentran la temperatura de la cuenca, la topografía y geología, la acción humana y por la memoria colectiva de existir tal.
Como comprenderá estos análisis son complejos y pueden avanzar una o dos generaciones en el caso de información verbal de los moradores. Para mayor certeza se tendría que recurrir a sendos análisis geológicos, lo que sería muy adecuado en toda ciudad cercana a ríos, o establecidas en cuencas hidrográficas. Claro, en toda ciudad consciente y sana.
Podría darse el caso, sin ser agoreros, que durante decenas de años no existieran inundaciones en un lugar y de pronto se cumpla un período pluvial largo y los causes se salgan de margen y control, ocasionando graves daños en la ciudad y en la comunidad.
En el caso de Manta, no hace falta ser muy versado para dar con el hecho de que existen zonas urbanas consolidadas y de insipiente consolidación que se encuentran en posición deprimida con respecto a los niveles de posibles cursos de agua. La topografía misma de Manta, la que le hace una bella ciudad, es la misma prueba palpable y definitiva de que esta zona tuvo o ha tenido grandes precipitaciones e inundaciones.
Basta también con conversar con los vecinos para establecer que existen posibilidades que en poco tiempo se vuelvan a repetir fuertes detonaciones pluviales muy posiblemente en cinco años a más tardar.
Obviamente estas cifras son especulativas y requieren de esclarecimiento profesional, pero la memoria colectiva tiene también su sabiduría intrínseca.
Importante entonces es tomar en serio tales posibilidades y proteger y amparar a la colectividad. Para ello se deben inmediatamente tomar las acciones pertinentes...:
INICIALMENTE
- Delimitar genéricamente las zonas consideradas vulnerables.
- Iniciar estudios profesionales de los períodos pluviales al detalle.
- Limitar y/o detener los Permisos de Construcciones en tales áreas inspeccionando los casos específicos que requieren de construcción.
YA ESTABLECIDO
- Definir y establecer los sectores y áreas de riesgo.
- Suspender definitivamente las construcciones.
- Definir y establecer las construcciones edilicias y urbanas en riesgo.
- Posibilitar la evacuación de los usuarios de tales construcciones antes de que ocurran tragedias.
Es esta mi inquietud que como ciudadano que la pongo en consideración.
Atentamente
Erick Bojorque Pazmiño
miércoles, 4 de marzo de 2015
viernes, 20 de febrero de 2015
CON RESPECTO AL METRO DE QUITO
La idea fundamental de una intervención en el transporte
privado y público, en la transportación urbana, consiste en la descongestión.
El descongestionar es buscar la sanidad de la urbe. Muchos problemas y
patologías urbanas tienen que ver con la falta de movilidad o la movilidad
impedida en las vías de circulación. Un elemento congestionado por el exceso de
vehículos es una fuente de malos momentos, de enfermedad, de violencia en el
colectivo, en la sociedad. Normalizar el flujo de ciudadanos es una imperiosa
necesidad.
Todo este problema deviene de la industrialización, la
mecanización, la producción en serie de hace prácticamente dos siglos atrás.
Ya los videntes expertos en aquella época vaticinaban la
necesidad de grandes colectores viales. La historia reaccionó complaciendo
dichas visiones y volviéndolas realidad.
Grandes avenidas cruzaron las distribuciones edilicias de las ciudades sin
contemplación. Más vías, más movilidad, era el paradigma.
La contemporaneidad y sus patologías han demostrado que
mientras más posibilidades de circulación, mayor el traslado y menor la
movilidad.
En realidad el problema no se encuentra en cuanta movilidad
uno permite, sino en la cantidad de movilizados que se manifiestan en las
calles.
Mientras más vías mayor posibilidad de traslado.
Buscar soluciones a la movilidad es perder el tiempo.
Vías de varios carriles, sistemas de transporte masivo, no
han solucionado el problema de la congestión en las grandes ciudades mundiales.
Estas intervenciones solo crean la necesidad de moverse, de
trasladarse. No solucionan la congestión sino perjudican la movilidad urbana.
Ahora ni hablar de los problemas colaterales de seguridad y sanidad que
acarrean.
En la actualidad ese es el paradigma…MOVERSE. Como si el
moverse cambiara la vida o a la persona. Moverse no lleva sino congestión.
El estar en movimiento es una panacea del desarrollo.
No existe tal. Mientras más se mueven las personas, las
sociedades, más quieren hacerlo nuevamente. No viven sino se mueven.
Si existen mayores posibilidades para el traslado, existen
más personas que quieren trasladarse.
Al principio, la amplia vía, el sistema de metro, de
subterráneo, favorecen al tráfico ciudadano de ese momento. Luego la movilidad
se incrementa por la nueva necesidad de trasladarse ya que existen los medios,
saturándose nuevamente las soluciones dadas.
Es un círculo vicioso.
Las autoridades quiteñas apuntan a la solución de la movilidad,
creando nuevos medios de traslado. Un subterráneo.
La gente espera que esto ayude, pero no se dan cuenta, que
aquellos con vehículo, que ahora congestionan la ciudad, jamás dejarán de
usarlo para ir en el transporte público. Dejar su casa, caminar, tomar un colectivo
quizá hasta llegar a la estación del metro, esperar ahí , tomarlo y enfrentar
lo mismo al llegar y al retornar, no es algo que preferirán. Más sencillo es
tomar su auto y continuar su vida.
De resultas…mucho más gente moviéndose, pues hay el medio,
pero las calles congestionadas ya que los que usan las vías son aquellos que
requieren trabajar por ellas mientras no sea hora pico.
En las horas pico, todos se mueven por necesidad. Una parte
irá por el nuevo transporte ofrecido. Muchos seguirán su costumbre. Fueras de
la hora pico, las calles en Quito también están congestionadas. Esas personas
que congestionan las calles no dejarán de hacerlo porque haya el metro.
Seguirán en lo suyo pues es su trabajo, su diversión, su necesidad.
El problema no se resolverá.
La solución es actuar sobre el traslado, no sobre la movilidad.
Es importante indicar a las personas que su traslado es
innecesario, es un inconveniente.
Medidas como las del gobierno ecuatoriano actual que ubican
a los niños y educandos cerca de sus residencias para ofrecerles oferta
educativa, tiene buenas repercusiones en el tráfico global de las ciudades. Se
impide el traslado de los ciudadanos.
También tendría el mismo efecto si, por ejemplo, se ordena
que los empleados y servidores públicos lleguen a sus trabajos sin vehículo
propio.
Otra opción es legislar en las ciudades para que los niños
no se movilicen sino solamente en busetas escolares, es otra manera.
Entonces medidas de descongestión son medidas que tienen que
ver con el traslado, más no con la movilidad en la ciudad.
Una manera más de intervenir en el traslado de los
ciudadanos y evitar la congestión y que ha sido optado por algunas ciudades en
el mundo es la reducción del ancho de las calzadas. Parece equivocado pero ha
resultado.
Medidas costosas tomadas porque “todos lo hacen” no son
medidas dignas de una ciudad consciente.
Atentamente
Erick Bojorque Pazmiño.
viernes, 30 de enero de 2015
¿ARQUITECTURA CON IDENTIDAD vs ARQUITECTURA POR LA IDENTIDAD?
La búsqueda de la identidad arquitectónica no es algo nuevo.
Todos los países del mundo en sus desarrollos históricos, han
buscado una propia identidad, una propia forma de manifestarse.
A finales del siglo XIX el
arquitecto Víctor Horta es uno de los primeros arquitectos de la modernidad en
proponer una arquitectura que sea propia, una arquitectura para Bélgica que destacara de sus contrapartes inglesas, americanas. De esta manera convirtió el pensamiento del estructuralismo en forma constructiva para viviendas. El arquitecto definiendo la identidad de todo un pueblo a través de un material, el hierro forjado. El orgullo
comprometido con grandes ideales somete cualquier voluntad consciente.
Para la fecha el mundo es un gran crisol y ya no se puede hablar de una forma, de un espacio, ni de una tecnología como determinantes de identidad. Lo podrán hacer por un momento histórico como lo hicieron en su época los arquitectos modernos brasileños que vieron nacer y crecer, gracias a combinar los elementos racionales con la naturaleza selvática, su prestigiada "arquitectura carioca"; pero no tendrán la trascendencia que una cultura espera. Trascendencia comprendida como la verdadera apropiación de una argumento que se solidifique en el devenir de ese pueblo. Solamente existe identidad personal, una arquitectura con identidad.
La arquitectura con identidad es propia de su tiempo y se desvanece al repetirse.
El funcionalismo y todos sus descendientes hasta el estilo internacional son arquitectura con identidad. Son fácilmente apreciables en todo el mundo pero no representan a nadie y nadie hace suyo sus principios. No es arquitectura por la identidad.
ARQUITECTURA POR LA IDENTIDAD es distinta. En ella se someten las pretensiones personales y su busca encontrar aquello que se resalta en una cultura, en un medio, en un colectivo, en una familia.
En la ARQUITECTURA POR LA IDENTIDAD existe conciencia. En ella no se pretende identificar una forma, una función, un medio tecnológico que exacerbe el ego de un creativo. La función y la forma salen
sobrando, cuando la identidad la ponen, los valores, el carácter y la
costumbre.
Es por tanto lo que somos, lo que hacemos y
en dónde vivimos lo que es nuestra propia identidad.
No se trata de figuras geométricas
ni de rellenos, ni de revestimientos, sino la conciencia de mirar el mundo descubriendo y resaltando aquello que "hace" a un grupo lo que "es".
La identidad se destaca,
destacando una cualidad.
Por ejemplo, existe una maravillosa comunidad en Ecuador cuyos comuneros viven de la pesca de langostas a profundidad. Realizan esta actividad desde el ancestro de sus genes y hasta enseñan a extranjeros el oficio. Viven y lo hacen maravillosamente pero sin darse cuenta que es eso lo que les distingue de los demás seres humanos, lo que les hace particulares y excelentes. Si se practicara una intervención buscando arquitectura con identidad en la comuna lo que se lograría es edificaciones sin compromiso trascendente, sino objetos dechados de egolatría y mitomanía.
Al contrario si uno es sensible como profesional y deja el embobamiento de "lograr" para convertirlo en " dar", entonces al llegar a un pueblo como este, a Salango, vería inmediatamente que la cualidad suya es el buceo y todas las condiciones excepcionales que los miembros de esta comunidad poseen. proponiendo un edificio que destaque este valor. ARQUITECTURA POR LA IDENTIDAD.
Distinto es la intervención de profesionales en este mismo pueblo que quisieran una arquitectura con identidad. Lo que les interesaría es edificios que destacaran los elementos formales o materiales. No sería extraño el encontrar propuestas para un edifico con uso diverso divagante, comprometido con la estadística o como una fórmula urbana, que asimile el muy empleado argumento zoomórfico de una langosta o peor todavía con revestimientos que simularan al tan preciado animal. Cosa de locos...no? pero es lo que se hace y hasta lo que se aplaude. Al final el laureado edificio, sin uso y abandonado.
Lograr ARQUITECTURA POR LA IDENTIDAD es lo consciente. Existe la manifestación de la conciencia al destacar el valor ajeno.
Atentamente
Erick Bojorque Pazmiño
lunes, 1 de diciembre de 2014
CONCIENCIA EN LA CIUDAD: La Ciudad Costumbre.
La rutina es la forma más efectiva de manifestación de la costumbre.
En la aparente vivencia despierta, la ciudad se idealiza como aquello que no nos estorba.
Queremos un desplazamiento sin interrupciones. Queremos que nadie estorbe nuestros empeños.
La costumbre apunta hacia esos derroteros.
Una rutina que extrae nuestras perfectas condiciones de vivir sin que por ello, esa acción sea consciente o no.
Esa rutina apunta hacia lo que conocemos.
No existe costumbre sin antes saber qué es lo que podemos empeñar de ella.
Ese saber que no es más que la constante repetición de paradigmas no encierra en sí, ninguna posibilidad de desarrollo, ningún conocimiento extra, sino la postrera copia de lo que se nos muestra.
Las ciudades actuales no son sino otra cosa que esa expresión de rutina y conocimiento burdo de unas costumbres que nada pueden hacer sino permitirnos permanecer en un cabildeo de ensoñaciones y desatinadas estrategias de residencia. La ciudad actual no es más que un cementerio de aspiraciones, anhelos y virtudes, un arrebato de rancias formas de manifestación.
Se nos pone ante nuestros ojos cientos de veces el perfil de las ciudades industriales, de las ciudades modernas, de las ciudades de rascacielos y hacia allá apuntamos.
Se crea la costumbre de verlas, sentirlas y hasta las consideramos hermosas.
La rutina lleva hacia allá.
Los planificadores y diseñadores urbanos no atinan sino a repetir lo que la costumbre les enseña.
No existe consciencia en ello, no existen procesos conscientes. La conciencia ha desaparecido o nunca existió.
Grandes edificios sometidos en un pequeño entorno con grandes y supuestas rápidas vías que los unen con otros grupos de edificios se han vuelto la costumbre humana de ciudad y el ir de aquí para allá sin más en la rutina que ciega.
Los expertos se hacen expertos repitiendo la panacea.
La misma panacea que hace que un desposeído mental vuelva sobre sus pasos una y otra vez, sin siquiera notar que lo hace. Una y otra vez trazando de manera persistente la ciudad costumbre, la ciudad rutina.
En todo ello no existe un atisbo de conciencia.
La conciencia es siempre lo obvio, lo que ha estado sin ser percibido pero latente para los ojos del despierto de consciencia. Cuando se delata, entonces es percibido de manera inmediata por el vulgo que no acierta sino a gritar..."pero, siempre estuvo ahí".
Conciencia en la ciudad, no sería pues aquella ciudad de perfil de rascacielos.
Conciencia en la ciudad, no sería pues aquella ciudad de rutinarias costumbres repitiéndose no solamente en el proceso del diario vivir, sino también manifestándose y propagándose como enfermedad en todo el planeta.
Conciencia en la ciudad, sería entonces edificios sanos cuya masificación engendraría un colectivo sano.
¿Esta ciudad consciente tendría un perfil?
No necesariamente, pues resultaría de la propia generación de aquellos que la habitan.
Conciencia en la ciudad no sería un adjetivo que radicaría solamente en el respeto al prójimo y a la naturaleza en todos sus niveles. No. El respeto es solo una parte de los actos conscientes.
Conciencia en la ciudad abarcaría todos los ámbitos, pero no sería una mera repetición.
Si existe repetición, no existiría conciencia.
Una noche oscura de rascacielos sería el devenir de la inconsciencia humana.
Atentamente
Erick Bojorque Pazmiño
En la aparente vivencia despierta, la ciudad se idealiza como aquello que no nos estorba.
Queremos un desplazamiento sin interrupciones. Queremos que nadie estorbe nuestros empeños.
La costumbre apunta hacia esos derroteros.
Una rutina que extrae nuestras perfectas condiciones de vivir sin que por ello, esa acción sea consciente o no.
Esa rutina apunta hacia lo que conocemos.
No existe costumbre sin antes saber qué es lo que podemos empeñar de ella.
Ese saber que no es más que la constante repetición de paradigmas no encierra en sí, ninguna posibilidad de desarrollo, ningún conocimiento extra, sino la postrera copia de lo que se nos muestra.
Las ciudades actuales no son sino otra cosa que esa expresión de rutina y conocimiento burdo de unas costumbres que nada pueden hacer sino permitirnos permanecer en un cabildeo de ensoñaciones y desatinadas estrategias de residencia. La ciudad actual no es más que un cementerio de aspiraciones, anhelos y virtudes, un arrebato de rancias formas de manifestación.
Se nos pone ante nuestros ojos cientos de veces el perfil de las ciudades industriales, de las ciudades modernas, de las ciudades de rascacielos y hacia allá apuntamos.
Se crea la costumbre de verlas, sentirlas y hasta las consideramos hermosas.
La rutina lleva hacia allá.
Los planificadores y diseñadores urbanos no atinan sino a repetir lo que la costumbre les enseña.
No existe consciencia en ello, no existen procesos conscientes. La conciencia ha desaparecido o nunca existió.
Grandes edificios sometidos en un pequeño entorno con grandes y supuestas rápidas vías que los unen con otros grupos de edificios se han vuelto la costumbre humana de ciudad y el ir de aquí para allá sin más en la rutina que ciega.
Los expertos se hacen expertos repitiendo la panacea.
La misma panacea que hace que un desposeído mental vuelva sobre sus pasos una y otra vez, sin siquiera notar que lo hace. Una y otra vez trazando de manera persistente la ciudad costumbre, la ciudad rutina.
En todo ello no existe un atisbo de conciencia.
La conciencia es siempre lo obvio, lo que ha estado sin ser percibido pero latente para los ojos del despierto de consciencia. Cuando se delata, entonces es percibido de manera inmediata por el vulgo que no acierta sino a gritar..."pero, siempre estuvo ahí".
Conciencia en la ciudad, no sería pues aquella ciudad de perfil de rascacielos.
Conciencia en la ciudad, no sería pues aquella ciudad de rutinarias costumbres repitiéndose no solamente en el proceso del diario vivir, sino también manifestándose y propagándose como enfermedad en todo el planeta.
Conciencia en la ciudad, sería entonces edificios sanos cuya masificación engendraría un colectivo sano.
¿Esta ciudad consciente tendría un perfil?
No necesariamente, pues resultaría de la propia generación de aquellos que la habitan.
Conciencia en la ciudad no sería un adjetivo que radicaría solamente en el respeto al prójimo y a la naturaleza en todos sus niveles. No. El respeto es solo una parte de los actos conscientes.
Conciencia en la ciudad abarcaría todos los ámbitos, pero no sería una mera repetición.
Si existe repetición, no existiría conciencia.
Una noche oscura de rascacielos sería el devenir de la inconsciencia humana.
Atentamente
Erick Bojorque Pazmiño
sábado, 15 de noviembre de 2014
Sala y Comedor: La Función Disfuncional.
La máquina desempeñó un papel fundamental en el advenimiento de la sociedad moderna.
La función, el funcionamiento, la operatividad y la taylorización convirtieron a la sociedad en masa, en un mecanismo de producción.
La vivienda no estuvo exenta de tal aventura mecánica.
Como siempre en la historia, la nueva tecnología debía materializarse también en el seno de una naciente familia, la familia nuclear.
La tecnología era la organización, la producción.
Entonces la familia debía tener un padre, una madre, hijos "producto" de su amor, un perro, un auto y una casa, todo claro, bajo los nacientes esquemas de endeudamiento colectivo, el sueño americano.
Los arquitectos modernos, los funcionalistas, los racionalistas, idearon la obsolescencia estricta de la máquina expresada en cuanto tiene que ver con aquello de que la "forma ha de seguir a la función" y que debería existir un mínimo de desperdicio temporal y espacial en el "menos es más".
El "modulor" se encargó de estrechar los procesos de diseño y aquellos constructivos en supuestos parámetros de estandarización.
La máquina era el destino, la máquina era el alfa y omega del desarrollo tecnológico.
Una vivienda contenía entonces sala, comedor, cocina, lavandería, escalera, dormitorios y baños en una estructura muy organizada.
Lo interesante era una correcta función entre los espacios que condensaban lo que se supone era el "mínimo" contenido espacial para aquella familia nuclear.
No interesaba para nada la humanidad, interesaba la función de la familia y de su vivienda.
La producción, lo moderno era el paradigma.
Las cosas han cambiado y sorprende que las palabras moderno, modernización sigan en la palestra arquitectónica, social, política.
Hemos saltado varios escalones históricos y vivimos una época posterior a la posmodernidad.
Muchas ciudades se quedaron en la época moderna, incluso aspiran a serlo. Emprenden sendos esquemas de jerarquización vial donde lo que interesa es la máquina, el vehículo sea auto, bicicleta, tranvía.
Sus edificios mantienen los esquemas funcionalistas y poco tienen que mostrar sobre las actuales relaciones de convivencia.
Con ello llegamos al tema en sí que nos ha dispuesto en estos lares.
Dentro de la vivienda en lo contemporáneo salen sobrando la sala y el comedor.
Espacios que poco o nada se viven ya en las familias posmodernas y pos-posmodernas.
No existe ya esa familia nuclear. Ahora las familias son conformadas por una mujer, un nieto, un tío y su esposa, por ejemplo; por un padre, su esposa y sus dos hijos casados con el hijo de un amigo que estudia en la ciudad, como otro ejemplo. Las constantes migraciones, los conflictos personales y la falta de conciencia en el ser humano, han creado nuevas relaciones. Serán buenas, serán malas, eso de otro cantar también sesgado.
La sala para recibir visitas se transformó en el espacio para "presentar" la nueva tecnología, la televisión de alta definición. La tecnología cambia, la historia no.
En ésta época no interesa la función, interesa mostrar que se está al día.
Los amigos ya no llegan para sentarse educadamente a conversar. No. Llegan a ver la nueva adquisición y de pronto ver una película y jugar en ella. No existe el sentido de sala, tal vez el de "estar de televisión".
De igual manera el comedor.
En la modernidad los espacios definían la tecnología, el funcionamiento era "la alta definición".
Ahora, ya no se habla de la "señora de la casa y la empleada" y quién tenga a cargo la cocina, la quiere con dispositivos que "muestren" la alta tecnología en ellos, la marca que ostentan. Ya no se diferencia la actividad de cocinar y comer. Las dos conviven en un mismo instante y hasta se combinan con el estar de tv. ¿Para que llevar tan lejos los alimentos de la diversión? El comedor sale sobrando y es reemplazado por la mesa de diario.
Los espacios se reducen en número, no en metros cuadrados.
El arquitecto debe mantener su estatus de visionario y comprender y adaptarse a estos importantes cambios. Conciencia es vivir en plenitud.
Atentamente
Erick Bojorque
miércoles, 12 de noviembre de 2014
viernes, 7 de noviembre de 2014
LA CIUDAD COMO EXTENSION DEL EDIFICIO.
Sencillo es reconocer la influencia que un edificio tiene al ser edificado.
Una obra impacta en su entorno. No existe duda.
Una casa hermosa inevitablemente hace que un sector se vea de mejor calidad.
Un hecho arquitectónico de poca calidad convierte así mismo a su entorno en desagradable y hasta lo degrada.
No es lo mismo ver una explanada con una vivienda con indiscutible estética que ver la misma explanada con una vivienda sin el menor esfuerzo arquitectónico.
Una sola obra puede hacer la diferencia.
Veamos el caso del museo Guggenheim Bilbao en España. Su presencia no solamente logró despertar la autoestima de un sector degradado de la ciudad, sino de la ciudad misma y de todo el país.
Una sola obra puede cambiar a toda una ciudad.
Un caso en Ecuador. La pequeña ciudad de Alausí en la provincia del Chimborazo hasta hace unos años un poblado que vivía a duras penas de su historia ferrocarrilera. La Nariz del Diablo, espectacular trazado de ingeniería no era capaz de sacarle de su letargo. Con un aporte del gobierno nacional, lo que era sombra de antaño, vio nuevas luces. Se intervinieron plazoletas, vías férreas y la terminal nacional dándoles un nuevo brillo y atractivo. La respuesta de la población fue mayúscula. Al poco tiempo toda la urbe estaba repintada, mejorada. Se crearon restaurantes, hoteles y el movimiento turístico nacional se exponenció.
Una sola obra puede hacer la diferencia.
En el colectivo humano, una sola persona puede hacer cambios que retumban en la trascendencia histórica. Muy al contrario de lo que el materialismo dialéctico manifiesta, la dialéctica de la conciencia dice la "la masa es la extensión del individuo"
El mismo principio se aplica a las edificaciones: "La ciudad es la extensión de los edificios"
La suma de edificios feos, enfermos, insalubres, agónicos, muertos, tacaños, dará como resultado una ciudad fea, enferma, insalubre, agónica, muerta.
La suma de edificios bellos, estéticos, sanos, vivos, dará como resultado ciudades hermosas, sanas, vivas.
Pienso, que es importante para los arquitectos el empezar a ver los edificios como seres vivientes que reclaman una manifestación esencialmente sana.
No importa el tamaño de la obra.
No importa el monto que se invierte.
Un simple baño puede hacer la diferencia.
Para el propietario cualquier intervención es importante.
para el arquitecto cualquier intervención pude hacer la diferencia.
La creación de edificios hermosos, sanos es lo que hará ciudades hermosas y sanas.
Aquellas inadecuadas búsquedas de la estética del nuevo milenio, de la nueva manifestación arquitectónica, me parecen burdos temas de puro intelectualismo.
Lograr una edificación sana es lograr la propia conciencia del arquitecto.
Atentamente
Erick Bojorque Pazmiño
Una obra impacta en su entorno. No existe duda.
Una casa hermosa inevitablemente hace que un sector se vea de mejor calidad.
Un hecho arquitectónico de poca calidad convierte así mismo a su entorno en desagradable y hasta lo degrada.
No es lo mismo ver una explanada con una vivienda con indiscutible estética que ver la misma explanada con una vivienda sin el menor esfuerzo arquitectónico.
Una sola obra puede hacer la diferencia.
Veamos el caso del museo Guggenheim Bilbao en España. Su presencia no solamente logró despertar la autoestima de un sector degradado de la ciudad, sino de la ciudad misma y de todo el país.
Una sola obra puede cambiar a toda una ciudad.
Un caso en Ecuador. La pequeña ciudad de Alausí en la provincia del Chimborazo hasta hace unos años un poblado que vivía a duras penas de su historia ferrocarrilera. La Nariz del Diablo, espectacular trazado de ingeniería no era capaz de sacarle de su letargo. Con un aporte del gobierno nacional, lo que era sombra de antaño, vio nuevas luces. Se intervinieron plazoletas, vías férreas y la terminal nacional dándoles un nuevo brillo y atractivo. La respuesta de la población fue mayúscula. Al poco tiempo toda la urbe estaba repintada, mejorada. Se crearon restaurantes, hoteles y el movimiento turístico nacional se exponenció.
Una sola obra puede hacer la diferencia.
En el colectivo humano, una sola persona puede hacer cambios que retumban en la trascendencia histórica. Muy al contrario de lo que el materialismo dialéctico manifiesta, la dialéctica de la conciencia dice la "la masa es la extensión del individuo"
El mismo principio se aplica a las edificaciones: "La ciudad es la extensión de los edificios"
La suma de edificios feos, enfermos, insalubres, agónicos, muertos, tacaños, dará como resultado una ciudad fea, enferma, insalubre, agónica, muerta.
La suma de edificios bellos, estéticos, sanos, vivos, dará como resultado ciudades hermosas, sanas, vivas.
Pienso, que es importante para los arquitectos el empezar a ver los edificios como seres vivientes que reclaman una manifestación esencialmente sana.
No importa el tamaño de la obra.
No importa el monto que se invierte.
Un simple baño puede hacer la diferencia.
Para el propietario cualquier intervención es importante.
para el arquitecto cualquier intervención pude hacer la diferencia.
La creación de edificios hermosos, sanos es lo que hará ciudades hermosas y sanas.
Aquellas inadecuadas búsquedas de la estética del nuevo milenio, de la nueva manifestación arquitectónica, me parecen burdos temas de puro intelectualismo.
Lograr una edificación sana es lograr la propia conciencia del arquitecto.
Atentamente
Erick Bojorque Pazmiño
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